En el inicio de su libro “técnicas de terapia familiar” Salvador Minuchin, trata el tema de la espontaneidad en el uso del sí mismo del profesional que trabaja con familias, y define al terapeuta espontaneo como aquel que ha sido entrenado para emplear diferentes aspectos del si mismo en respuesta a contextos sociales diversos. Esta observación se da desde el excesivo énfasis en la técnica y la aplicación rigurosa de ésta, que impide esa espontaneidad, y postula que en el camino hacia la sabiduría, no habría que preocuparse tanto de las técnicas, porque la técnica por sí sola no es suficiente para ayudar a las familias ni asegura eficacia. Sin embargo en terapia familiar el discípulo no debe olvidar las técnicas una vez dominadas. “Leído este libro, se lo debe obsequiar a alguien o abandonar en un rincón. El oficio de terapeuta es curar; es un ser humano que se interesa terapéuticamente por sus prójimos en ámbitos y problemas que lo hacen sufrir, al tiempo que observa un gran respecto por sus valores, sus intereses y sus preferencias estéticas. En otras palabras, la meta de trascender lo técnico. Solo alguien que ha dominado la técnica y ha conseguido olvidarla después, puede ser un terapeuta competente .” (Minuchin, 1984)
Un segundo autor como Satir (1986), plantea que el uso de uno mismo en el trabajo con familias es una tarea importante, y para estar a la medida de este desafío es necesario un permanente desarrollo de nuestra “humanidad y madurez”. Resumo el pensamiento del este autor con la siguiente frase: “Cualquiera que sea la técnica que utilicemos, y cualquier filosofía o escuela de terapia familiar a la que pertenezcamos, lo que realmente hacemos tiene que ser encauzado a través de nosotros mismo como personas ”. (Satir, 1986: 37)
Para la autora antes mencionada, el problema de las técnicas es que se utilizan como moldes para hacer galletas, sin tener en cuenta como Ella lo menciona como tamaño, consistencia o textura de la masa. Si bien es necesario conocer las técnicas y su correcta aplicación, lo pertinente para Satir “es aprender a ser pertinentes y abiertos en la variedad de cosas que hacemos y el uso prudente de las técnicas”. Interesante es que si no tiene la técnica la inventa, lo que da cuenta del cómo se transforma en un acto creativo, propio de lo humano.
La reflexión que queda se centra a mi juicio en que si bien las técnicas son formas estándar de hacer determinadas acción, la terapia familiar no puede ser estándar por la sencilla razón de cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles, al igual que el terapeuta, por ende es necesario evitar el error de utilizar técnicas porque están de moda, sin dominarlas lo suficiente, esto facilitara una serie de procesos terapéuticos, principalmente en lo referido a los fines de la intervención y a respetar la cultura de la familia que atendemos.
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